Sobre mí
Pedagoga · Orientadora · Terapeuta transpersonal
Acompaño a personas agotadas por el trabajo a comprender qué les está pasando, escuchar qué necesitan y encontrar una forma de vivir y trabajar que tenga sentido para ellas.
Soy Bea
Durante mucho tiempo sentí que el trabajo se llevaba toda mi energía y, poco a poco, fui perdiéndome hasta casi no recordar qué me gustaba hacer ni qué sentido tenía lo que hacía en mi día a día.
Llegaba cansada, con la cabeza todavía en el trabajo y con cada vez menos energía para disfrutar de mi familia, de mis intereses o simplemente de mi día a día.
Durante un tiempo pensé que era normal, pero llegó un momento en el que solo me apetecía descansar, meditar, contemplar o estar en silencio. Todo lo demás me sobraba, todo me molestaba.
Al principio intenté salir de ahí por mi cuenta. Leí, hice algunos cambios, busqué espacios de alivio y traté de escucharme más. Algunas cosas me ayudaban, pero de forma puntual y sin acabar de transformar lo que estaba viviendo.
Hasta que entendí que necesitaba dejar de dar vueltas sola y dejar de perderme una etapa de mi vida que no iba a volver: ver crecer a mis hijos, compartir tiempo con ellos y aprovechar unos años en los que tenía salud y energía para vivir experiencias que quizá más adelante ya no serían posibles de la misma manera. Empecé a pedir ayuda, a formarme y a buscar de forma activa otra manera de vivir y relacionarme con el trabajo.
En medio de ese proceso pedí un traslado. Ya era el quinto centro público en el que trabajaba como orientadora y, aunque cambiaban los lugares y las circunstancias, yo seguía repitiendo un patrón que me llevaba al agotamiento. Aun así, volví a pensar que solo necesitaba cambiar de lugar para poder estar mejor.
Me concedieron ese traslado, pero me pidieron que me quedara un curso más para terminar el proyecto en el que estaba implicada como parte del equipo directivo, y acepté.
Con el tiempo he entendido que aquel año fue un regalo.
Aquel último año me enseñó que no necesitaba irme para empezar a estar mejor, que también podía empezar a cambiar sin esperar a cambiar de lugar.
Aquel año ya no tenía energía para seguir funcionando como antes, así que empecé a trabajar a otro ritmo, a revisar mi nivel de exigencia y a proteger mejor mi tiempo.
Y descubrí algo importante: las cosas seguían saliendo bien.
Seguía cumpliendo con mi trabajo. Seguía siendo responsable. Todo seguía funcionando sin que yo tuviera que quedarme horas infinitas ni entregar a la profesión la energía que después faltaba en el resto de mi vida.
Todavía no estaba en un momento de hacer grandes cosas. Necesitaba recuperarme física y mentalmente después de años de sobreesfuerzo. Pero aquella forma diferente de trabajar me permitió seguir formándome en terapia transpersonal, mantener mi práctica de meditación mindfulness y, sobre todo, estar más presente con mi familia y empezar a recuperar espacio para mí.
Esta caricatura fue parte del regalo que me hicieron mis compañeros antes de marcharme. De alguna manera, refleja cómo me veían desde fuera en aquel momento.
Cuando finalmente llegué a mi nuevo destino, no solo había cambiado de lugar o de compañeros (trabajaba de lo mismo), yo también había cambiado mi manera de estar en el trabajo.
Mis expectativas eran otras. Mi relación con la exigencia era diferente. Había aprendido a reconocer antes algunas señales, a poner más límites y a no medir mi valor únicamente por todo lo que era capaz de hacer profesionalmente.
Hoy vivo mi trabajo de una forma muy distinta. Sigo ejerciendo como pedagoga y orientadora en centros públicos, pero cuido mi energía para poder dedicarla también a lo que completa el sentido de mi día a día: mi familia, mis amistades, la música y ayudar a otras personas a recuperar espacio y energía para disfrutar de su vida.
Sigo teniendo momentos de cansancio, dudas o desánimo, pero ya no me arrastran de la misma manera. Sé reconocer antes lo que me está pasando, escuchar lo que necesito y hacer ajustes.
Y, con perspectiva, veo con mucha claridad qué me ayudó a recorrer ese camino.
Lo personal se une a lo profesional
Mi experiencia personal se une hoy a más de 20 años como pedagoga y orientadora y a mi formación en terapia transpersonal.
La pedagogía y la orientación me han enseñado a ordenar procesos de aprendizaje y transformación, a hacer las preguntas necesarias, explorar posibilidades y convertir lo que parece confuso en pasos más claros.
La terapia transpersonal amplió esa mirada: cuerpo, emociones, pensamientos, valores, necesidades, identidad... dan sentido y dirección al proceso de cambio y al día a día.
De esa combinación nace la forma en que acompaño hoy en Espiralia Brújula.
No para decirte qué tienes que hacer, ni para empujarte a quedarte ni a cambiar de trabajo. Tampoco para intentar repetir mi camino.
Sino para ayudarte a comprender mejor qué te está pasando, escuchar qué necesitas y empezar a hacer cambios reales que tengan sentido para ti y para la vida que estás viviendo ahora.